martes, 6 de noviembre de 2012

Sentarme contra la ventana

Mi día se supone que tiene que empezar a las cinco y cuarenta pero siempre me quedo dormida, mi hermana me termina despertando a las seis, me visto a las apuradas,bajo las escaleras entre dormida, despierto a mi mamá, voy a la cocina y tomo el desayuno que ya me dejó listo mi hermanita, me maquillo, me acomodo un poco los pelos para que no se me note mucho lo recién levantada. Camino a la parada con mi hermana y mi mamá, me sigo arreglando la campera y los pelos. La mayoría de la veces terminamos corriendo al colectivo para que nos pare y como el colectivero ya nos conoce suele esperarnos.

Marco tarjeta, agarro el boleto, busco y miro si encuentro un lugar para sentarme o si voy parada. Como tengo media hora de viaje para pasar el tiempo voy escuchando música mientras veo el paisaje con el  puente victoria y  los negocios todos cerrados por el horario. En el invierno aún esta oscuro y hay algunas luces prendidas, los vidrios del colectivo se empañan y se puede escribir en ellos, si hace mucho frío el colectivero enciende la calefacción, en el viaje vas calentito, pero lo peor es cuando ves que en la próxima parada tenes que bajar y saber que afuera hace mucho frío.

En el verano podes ver como amanece y como asoma el sol sobre el río Paraná, si hace calorcito la gente abre las ventana para que entre viento.

Suelo encontrarme con la misma gente durante el viaje, sé quien sube y quien baja en cada parada. Muchos van a trabajar, según como estén vestidos me doy cuenta de que trabajan, por ejemplo los de seguridad por su uniforme, los obreros por su bolsito y ropa más humilde,  los oficinistas por sus trajes. A los chicos que van a la escuela, los reconozco por los uniformes, hasta puedo reconocer a que escuela va cada uno y saber donde se bajan.

Cuando veo que en la próxima parada me tengo que bajar, llamo a mi hermana para que vayamos a tocar timbre y bajarnos. Una vez que nos bajamos miramos para los costados a que no venga ningún auto para poder cruzar y caminar por French, entre charla y charla seguimos caminando hasta que mi hermana toma otra calle y yo sigo derecho, mientras que a mi me queda solo media cuadra por caminar para llegar a la escuela.

Entro a la escuela, bajo las escaleras y entro al salón  saludo a mis compañeras, que suelen estar siempre cada vez que llego, dejo mis cosas hablo cinco minutos, toca el timbre para formar asi que salimos afuera a formar y saludar, luego vamos de nuevo adentro y ver como siguen llegando mis compañeros que son los que llegan tarde, somos pocos y nos conocemos, no soy de las que llegan tarde siempre, pero tampoco de las que llegan temprano.

En los primeros módulos es difícil arrancar porque aun no nos terminamos de despertar y encima escuchar a una persona queriendo explicar algo que no nos parece interesante. Miro el celular para saber que hora es, cada cinco minutos, esperando con ansias el recreo. En el recreo puedo quedarme a hablar con mis compañeras, como puedo salir a saludar y hablar con otro amigos o tan solo pararme en las escaleras sola a observar a los demás.

Una vez que escuchamos el timbre que avisa que es la hora para poder irme a mi casa, guardo mis cosas rápido en mi mochila, espero a mis compañeras para ir caminando juntos hacia a la Avenida Alberdi mientras que vamos pensando y hablando de que vamos a comer o de lo que queremos comer. Cuando llego a la parada y tomo el colectivo me gusta sentarme contra la ventana así apoyo la cabeza sobre el vidrio y voy escuchando música y observando a la gente de afuera

martes, 9 de octubre de 2012

Galería de fotos de recorrida al Cine Lumiere

Cartel principal.
El Cine Lumiere está en Vélez Sarsfield y Av. Alberdi en el barrio Arroyito, aunque en la zona hay muchos edificios, en este sector hay  casas bajas, veredas anchas y poco tránsito. Este viejo cine fue hasta hace algunos años el principal punto de reunión y encuentro del barrio, donde se juntaban familias para pasar tardes viendo películas o disfrutar de algún baile o evento.

Rollos de película antiguos.
La historia del Cine Lumiere se remonta al año 1911 cuando se crea como edificio anexo a la Unión Obrera de Socorros Mutuos funcionando como un salón social en donde se realizaban reuniones, fiestas y eventos que juntaban a todo el barrio, por ese entonces era común que la música en los eventos sea en vivo y se armaban grandes bailes populares.
Placa en honor a los fundadores.

En 1959 el edificio fue alquilado por Modesto Bou y Manuel Rey quienes ya trabajaban en los cines Rex y Opera, ellos se encargaron de poner en condiciones el edificio con el objetivo de que sea un cine. La primera película que se proyectó fue “La Dama y el Vagabundo”.

Vista del fondo hacía el escenario.
A partir de ese entonces fue el centro de reunión de toda la familia y se convirtió en el cine más importante del barrio en el que se podían ver películas a un precio bajo. En las funciones que eran continuadas era común que las familias armen un picnic entre las butacas, es recordado por todos el famoso sándwich de mortadela que se vendía en la cantina.

En los años 90 los cines de barrio comenzaron a desaparecer porque tenían poca rentabilidad, la mayoría se convirtieron en estacionamientos o templos religiosos, el Cine Lumiere  estaba a punto de correr la misma suerte hasta que en 1993 la Municipalidad lo convirtió en Centro Cultural y Modesto Bou y Manuel Rey siguieron siendo los administradores hasta que murieron.
Actividades de Octubre 2012.


Hoy es un centro cultural en el que hay talleres de teatro, canto, danzas clásicas, fotografía, guitarra, batería y percusión, dibujo, entre otros. También se realizan ciclos de películas los fines de semana con entrada libre y gratuita.






Barrio con bellotas, tierra y tranquilidad

Los Robles es un barrio de  Granadero Baigorria,se encuentra al norte del hospital Eva Peron. En las calles se ven bellotas  que son de  los arboles que le dan nombre al barrio, sus calles son de tierra y muy tranquilas, donde se ve poca personas pasar.

Hice toda la primaria allí, donde hice amigos y conocí gente nueva con la que difrutabamos cada minuto de los  del recreo para jugar al ladrón y poli., a la popa, al elástico, entre otros juegos.

Las tardes eran excelentes para relajarse y poder disfrutar de un día tranquilo con largas charlas, mates y masitas.El silencio era bueno para los más chicos hacer la tarea o  para los días de fin de semana  pasar un  lindo momento en la placita del barrio, los chicos jugar al fútbol o andar en bicicleta.

En los días de invierno y lluviosos era común sentir el aroma a tierra mojada, perfecto para estar en casa e invitar a alguien a estar adentro para jugar y luego comer y tomar algo calentito.

Los días de verano eran los mejores porque no había que ir a la escuela, el calor era bueno para estar en la pileta con amigos hasta tarde y luego merendar. Los mas grandes agarraban sus cañas, mate y termo, salían a pescar y no volvían hasta a la tardecita. Las comidas eran mas sencillas y livianas, nada elaborado, como hamburguesa, pancho.

En mi barrio vivía mucha gente grande y era difícil ver chicos de mi edad, pero tuve la suerte de encontrar con dos personas con las que pude compartir y disfrutar cada tarde. Hicieron que las tardes mas tranquilas y silenciosa estuvieran llenas de risas.

Lo que más me gustaba de mi barrio es que eramos pocos, pero nos conocíamos entre todos, que a pesar que trabajaban y cada uno tenia sus problemas, siempre trataban de colaborar en lo que podían y se ayudaban entre vecinos.

martes, 25 de septiembre de 2012

El sueño de la mañana y peinados imposibles

Mi día comienza a las seis y media de la mañana, espero el colectivo junto con varias personas, siempre las mismas caras, supongo que algunos van al colegio y otros a trabajar. Mientras pasan los minutos veo salir de las fabricas a los trabajadores que terminan sus turnos, salen vestidos con sus ropas limpias y bien arreglados, también todos los días al mismo horario uno de los trabajadores más jóvenes de la fábrica de enfrente entra con su moto como si estuviera jugando carreras, la moto hace un ruido horrible que se puede escuchar a varias cuadras.

Cuando subo al colectivo, marco el boleto rápido para poder sentarme en el asiento que deja libre un señor que se baja en la siguiente parada, es la única forma de conseguir un asiento libre, ya que a varias cuadras comienza a llenarse más y más de gente, parece como si todo rosario viviera en Empalme Graneros. Si vas parado la gente te aplasta, te pisa, te empuja y los chicos con la mochila te arrastran hasta que podes agarrarte de alguien, la mezcla de olores es impresionante, a perfumes, naftalina, y otros olores que es mejor ni contar.

Bajo del colectivo en Avenida Alberdi y así comienzo la caminata hacia la escuela, junto conmigo se baja un señor de pelo canoso que todas las mañanas va por la misma calle que yo pero se cruza de vereda, supongo que debe ir a trabajar porque siempre viste un traje azul y rayas grises en los hombros. Suelo caminar más rápido que él y por eso nunca sé hacia dónde va, cada vez que me doy vuelta para ver en qué calle dobla, misteriosamente el hombre ya no está.

Soy una de las primeras en llegar a la escuela, muchas veces cuando llego solo estamos un par de alumnos, la portera y yo. Me siento en la escalera, me pongo los auriculares y veo pasar a los chicos que llegan, cuando son las siete y diez llegan todos empujándose, apurados para que la portera no los rete.

Empieza la clase y la mayoría estamos desparramados en la mesa con cara de sueño y el mejor peinado que nos pudimos hacer al salir de casa apurados, ni bien el profesor termina de bajar el ultimo escalón, lo recibimos con protestas, abucheos y su cara de felicidad se le borra de inmediato. Al tocar el timbre de recreo, nadie sale del salón, creo que eso es lo que mas cambia con el paso del tiempo en la secundaria, cuando estábamos en primer año, lo mas lindo era el recreo, era para salir a recorrer el patio agarrada del brazo de tus amigas y contarse chismes o ver de lejos al chico que te gustaba, cuando llegamos a quinto los recreos sirven para volver a respirar, para descansar tu mente después de pasar dos horas haciendo cuentas, leyendo o escribiendo sin parar.

Después de varias horas escuchando sin parar a varios profesores de diferentes materias al fin llega el momento mas esperado, cuando toda el timbre de salida, es el momento mas feliz en especial cuando es viernes. Todos salen sonrientes, algunos corriendo otros caminando con toda la paciencia que se puede tener despues de un largo dia de "estudio".

El camino mas lindo es el de vuelta casa, cuando voy en el colectivo, casi dormida dandome la cabeza contra la ventanilla, despertandome con cada golpecito y cada parada. Llego al fin a casa, dejo la mochila desparramada en cualquier lado y me siento a almorzar.

A pesar de estas idas y vueltas de cada dia, de esta rutina cansadora, y de las anecdotas de todos los dias, me doy cuenta de que seguro en algun momento en un futuro no muy lejano voy a recordar que haberme levantado temprano y todo por lo que pase en mis años de escuela valieron la pena.

Un Arroyito entre bocinazos y el olor a caramelo.

El barrio Arroyito, el lugar en el que pase mi infancia. Un barrio familiero, las cuadras cerca de Alberdi eran ruidosas y que parecía no tener descanso, siempre podía encontrar distintos aromas, pero en especial olores a comidas, que salían desde las ventanas de distintas casas, abuelas o madres que a las doce ya estaban poniendo manos a la obra, y hacían unos manjares espectaculares, y también se escuchaban bocinazos, y el ruido de las ruedas, de autos, bicicletas y colectivos, o voces de adolescentes y chicos riendo en las veredas, ya llegando a las cuadras más alejadas, estaban mucho más tranquilas.
La vuelta de la escuela por la calle Díaz Vélez, era genial, parar en el kiosco del ‘’Chinito’’, así le decían al señor que atendía con una sonrisa, y un hola grande saludaba a todos los chicos que entraban emocionados por unos caramelos o unas galletitas dulces, o lo que más querías, era un lugar chiquito, con olor a frutilla, pero lleno de las cosas que más me gustaban… ¡Hasta juguetes!
Y después corría por las veredas donde estaban los abuelitos sentados con sus reposeras de colores, no importaba si hacía frío o calor, ellos siempre estaban ahí, porque era la hora que había sol. Saludaba uno por uno a ellos, a pesar del trote que mantenía mi mano se movía de lado a lado con una sonrisa de oreja a oreja, feliz por llegar a casa.
La calle García Velloso, mi calle, toda mi infancia está volcada en esas veredas y adoquines.
En una esquina se encontraba una sucursal del Correo Argentino, muy pocas veces pude ver a los señores que visten de amarillo salir por ahí a repartir, cartas o impuestos, raro.. Pero cierto.
En la otra esquina se encontraba la peluquería de Ricardo, el señor de bigotes que se paraba en la esquina sacaba una caja de cigarrillos Marlboro, y fumaba uno mientras veía los autos pasar, era una peluquería sólo para hombres, y sólo los del barrio se atendían ahí, parecía estar a gusto con su trabajo.

Mi casa estaba cerca, ahí afuera ya estaban mis amigos, esperando para que salga a jugar. Tardes enteras perdíamos allí, con tan sólo una pelota, bolitas, el elástico, o una soga para jugar.
Cerca está la cancha de Rosario Central, estaba un vecino con cara de enojado porque que justamente él era de Newell’s, y le molestaba todo lo relacionado con el equipo.

Los fines de semanas, era para pasar en familia. Podíamos ir al Parque Alem o al Scalabrini Ortiz, la mayor parte de las familias, tomaban camino hacía el Alem, porque ahí había juegos, hamacas, toboganes, sube y baja, y la famosa calesita con caballitos, algunos despintados pero me sentía un rey arriba del juego. Y mucho espacio para jugar y entretenerse.
Hoy al echarle un vistazo no podría decir que esta exactamente igual, pero esas costumbres de los fines de semanas ir al parque con el mate a cuestas, o los días de partidos que parece que se para toda actividad en el barrio, o los abuelos sentados en las veredas, son cosas esenciales del barrio.

Eso sí, lo que nunca va a cambiar, es que todos se conocen entre todos, por más que te vayas del barrio, siempre vas a tener tu primer amigo, o novio, o vecino, o enemigo de aquel barrio cuando eras un nene.




Por Milena.

martes, 4 de septiembre de 2012

Mi niñez en un barrio industrial

El barrio en el que pase mi niñez se llama Fisherton Industrial, un barrio de trabajadores, familias poco numerosas y muchas fabricas de todo tipo. Al recorrer sus calles podias ver a los costados los residuos de hierro que las fabricas desechaban y sentir ese olor a fabrica dificil de describir con palabras, un olor peculiar casi unico, como una mezcla de madera y tierra mojada juntas.

Todos los mediodias podias ver una gran cantidad de trabajadores que salian de las fabricas vestidos con sus trajes azules, llenos de grasa y tierra que recorrian las calles hasta el almacen de la esquina donde la señora los recibia con la comida lista. Eramos pocos los chicos que habia en el barrio, algunos eramos parientes o amigos, nos conociamos de la escuelita del barrio o de la iglesia pero lo que teniamos en comun era que nos gustaba salir andar en bici por las calles ya que no habia mucho transito, o jugar a la pelota en la vereda de la señora mas vieja que siempre nos sacaba a los gritos y despues le contaba a nuestras madres.

Los dias de lluvia, eran los mas indicados para jugar en la casa de algun vecino donde la mama te esperaba con la chocolatada caliente y las tortafritas con dulce de leche. Camino a mi casa se podia ver a las vecinas juntando la ropa de las terrazas apuradas y gritandole al marido que la ayude yo me reia mientras llegaba a mi pasillo saltando los charcos tratando de pisar las piedras que habia puesto mi papa para poder pasar sin ensuciarse.

Recuerdo a todos los vecinos agruparse en la esquina los dias de tormeta en medio de la lluvia para, entre todos, poder limpiar las zanjas que se llenaban de botellas y mugre. Todos los vecinos de la cuadra, en especial mujeres y niños observando como los hombres trabajaban, algunos traian tortafritas, otros mates y los mas avivados venian trayendo paraguas y pilotos para los que trabajaban.
Los dias de sol eran mas divertidos podias jugar en la vereda, en la calle andar en bici, hacer guerras de globitos con agua, jugar a la bolita y a la pelota. Las vecinos mas viejos se sentaban en la vereda a tomar mates y mirar a todos los que pasaban. Las "chicas" del barrio se sentaban en un grupito de dos o tres a sacarle mano a todos, en un tur barrial podías conocer a los periodistas de chimentos mas reconocidos, la llamada chica 10 (por desgracia mi madrina) ella sabía todos sobre todos, a su vez le pasaba la información la almacenera de la otra cuadra y esta información era confirmada por la kiosquera top, la de los productos caros y el kiosco más lindo.

Mi barrio no era el que mejores casas tenía ni el más poblado, pero era un barrio de trabajadores y gente humilde que a pesar de sus problemas te recibían con una sonrisa y la puerta abierta.
En la actualidad al volver, encuentro que ya nada es como solía ser, las calles estan mejor pavimentadas, las pocas casas que habia ahora son de dos pisos y los chicos que antes jugaban conmigo poblaron el barrio de nuevos chicos y chicas que al pasar te chocan con sus bicis o te empujan mientras corren.

sábado, 14 de julio de 2012

Buscamos tu opinión !

 Llegan las vacaciones de invierno y la mayoría de los estudiantes de 5to año no sabemos qué carrera seguir.

¿Qué nos gusta? ¿Qué carrera elegir? ¿Cuántos año debo estudiar? son preguntas sin respuestas.

 Nosotros queremos saber si a todos nos pasa lo mismo, el motivo por el cual no tenemos en claro que carrera seguir, el por qué de la duda.

 Te invitamos a realizar esta encuesta para tener un panorama general sobre la situación en la que se encuentran los estudiantes.
http://www.e-encuesta.com/answer.do?testid=iRUdR69S+aA%3D&chk=1